
CENTROS DE ACOGIDA EN LA ERA DIGITAL
Elísabeth Córcoles Adán. Socialia Coop. Val. Vocalía Centros de Acogida.
Las nuevas tecnologías han cambiado la sociedad, la forma de entender el
mundo, y especialmente las relaciones sociales, el modo en el que
interactuamos con nuestro entorno y con el grupo de iguales. Cambios de los
que no podemos abstraernos los profesionales del sistema de protección,
concretamente el personal de las residencias de acogida. Nuestros niños,
niñas y adolescentes viven en un entorno tecnológico como el resto de
jóvenes de su edad, y tenemos que acompañarlos en este proceso evolutivo
digital.
Las redes sociales permiten a los jóvenes conectarse con amigos, compartir
experiencias e incluso iniciar y mantener relaciones en la distancia. Es un
escaparate a través del que se presentan al mundo, tratando de ofrecer la
mejor versión de ellos mismos, la más atractiva e interesante para los demás.
Crean una realidad paralela en la que se mueven de manera simultánea,
compartiendo una imagen idealizada, ficticia de sí mismos, de su realidad
personal, buscando la validación externa, la aprobación de los demás. Esta
distorsión puede desencadenar problemas de autoestima, sentimientos de
inferioridad, ansiedad y depresión por no alcanzar ese ideal reflejado en las
redes. Las redes sociales fomentan un comportamiento hipersexualizado
especialmente entre las jóvenes, que creen esconderse detrás del anonimato
de un perfil inventado, exponiéndose peligrosamente. Siendo la puerta de
entrada a entornos altamente peligrosos.
Ante esta realidad imparable los límites y censuras no son la alternativa. Los
educadores no disponemos de las herramientas necesarias para proteger a
los niños y niñas a nuestro cargo. La implementación de planes educativos
sobre el uso responsable de las nuevas tecnologías, la formación de todos
los agentes implicados en la educación y atención a los jóvenes son
actuaciones indispensables y necesarias. Pero sin duda, la magnitud del
problema requiere medidas de mayor envergadura, medidas que impliquen
actuaciones sobre las plataformas en cuanto a regulación de contenidos,
regulación de acceso. Pero también de regulación de acceso a los
dispositivos tecnológicos por parte de niños, niñas y jóvenes. Y para ello es
necesaria una mayor conciencia social, donde todos y todas, especialmente
las familias se impliquen en una mayor supervisión y acompañamiento de
este proceso digital.
El impacto de las nuevas tecnologías en la salud de niños y adolescentes es
una prioridad, y hay que atenderla como tal. Los diversos estudios sobre los
efectos en la salud mental, los casos de acoso, entre jóvenes, arrojan datos
desoladores, una vez más, vamos tarde, es un tema que requiere una
abordaje al más alto nivel.
En estos momentos este tema está siendo objeto de discusión en el congreso,
se está debatiendo una proposición no de ley con el fin de “regular la
protección digital de la salud mental de la juventud”. Esperemos que resulta,
pero tiempo no tenemos.