Los Centros de Día de Menores de la Comunidad Valenciana trabajan con menores y familias con graves problemas o altamente vulnerables que necesitan apoyo en su propio medio para reducir sus carencias, impulsar sus potencialidades, reforzar su autonomía y facilitar su incorporación social.

Trabajamos para evitar que el riesgo se convierta en exclusión y para que todos los menores tengan las mismas oportunidades.

Definición

Un centro de día de menores es un recurso abierto de atención diurna inserto de manera activa y participativa en la zona donde se ubica, que forma parte de la red pública de centros de protección de menores en situación de riesgo y exclusión social de la Comunidad Valenciana realizando una intervención integral especializada.

¿Cuáles son sus funciones?

Los Centros de Día de la Comunidad Valenciana proporciona una serie de servicios que potencian el desarrollo personal del menor y su integración social con el objeto de favorecer su proceso de normalización y su autonomía personal, trabajando sus tres funciones de protección de menores principales:

1. Función preventiva

Los centros de día como exponentes de una política eminentemente preventiva de apoyo a la socialización del menor en su propio medio y con sus familias, se centran tanto en las necesidades que se detectan como en aquellas que van surgiendo, con actuaciones dirigidas a la protección de los niños y adolescentes en situación de riesgo o desamparo, y como apuesta clara frente al objetivo de reducción de plazas de acogimiento residencial.

2. Función educativa

Los centros de menores cumplen una función educativa, en cuanto propone una oferta social y educativa. En modo alguno se trata de un recurso compensatorio escolar, en cuanto que destinado a menores con edad inferior a la escolarización obligatoria que tengan dificultades familiares y sociales, no sustituye a la misma. Realiza por tanto una labor de compensación educativa en situaciones de dificultad socio-familiar. En este sentido el centro de día proporciona una serie de servicios de apoyo social, educativo y familiar a través de actividades de ocio, cultura, ocupacionales y rehabilitadoras, así como formativas, potenciando el desarrollo personal del menor y su integración social.

3. Función de aprendizaje

Los centros de día ofrecen a adolescentes, programas de inserción socio-laboral con el objeto de favorecer la adquisición de las habilidades necesarias para su incorporación al mundo laboral, compensando sus déficits formativos a través del aprendizaje teórico-práctico de un oficio  que facilite dicha incorporación.

¿Cuál es su tipología?

Los centros de atención diurna se clasifican en función de su actividad:

a) Centros de día de apoyo convivencial y educativo

Los centros de día de apoyo convivencial y educativo para menores son centros de atención diurna que realizan una labor preventiva, proporcionando a niños y adolescentes una serie de servicios de apoyo socioeducativo y familiar a través de actividades de ocio, cultura, ocupacionales y rehabilitadoras, potenciando su desarrollo personal e integración social con el objeto de favorecer su proceso de normalización y autonomía personal.

Son actividades propias de estos centros, el apoyo psicosocial, educativo, seguimiento escolar y actividades extraescolares. Deberán también colaborar en la normalización de la dinámica familiar.

b) Centros de día de inserción sociolaboral

Son centros de atención diurna que realizan una labor preventiva de inserción sociolaboral y educativa para adolescentes en situación de riesgo, proporcionando una serie de servicios de apoyo social, educativo y familiar a través de actividades formativas, ocupacionales, rehabi-
litadoras, de ocio y cultura, potenciando su desarrollo personal e integración social, así como la adquisición de las habilidades sociolaborales necesarias para su inserción social y laboral.

Deben funcionar, preferentemente, en centros específicos con el objeto de que sus usuarios adquieran habilidades en orden a un oficio y todas aquellas prestaciones que coadyuven a la integración social y laboral.

Un poco de historia... ¿Cómo surgen?
Los Centros de día actuales recogen su nombre del modelo de carácter público de Centros de Día vinculados a los Centros Residenciales, hoy llamados Centros de Acogida. Su nombre viene por la atención que prestaba diurnamente. En principio, se piensa en los Centros de Día desde un trato diferenciador entre los menores residentes en los Centros de Acogida y aquellos que lo abandonan para regresar a sus domicilios de origen. Por tanto, son menores que reciben la misma atención y en el mismo espacio que los menores residentes salvo que, al finalizar la jornada, se marchan a su casa a dormir y a estar con su familia de origen o de acogida. Pero desde la sociedad civil (asociacionismo y más tarde también fundaciones) o al amparo de entidades religiosas surgió entre mediados de los 80 y principios de los 90 una iniciativa de carácter privado sin ánimo de lucro que trabajaba de un modo mayoritariamente voluntario en los barrios o entornos comunitarios deprimidos de la ciudad de Valencia y Alicante con la infancia y juventud más vulnerable. Se intervenía con una realidad social muy compleja con fuentes de financiación escasa o nula. La inmensa mayoría de estas entidades son las que gestionan los actuales Centros de Día por su trayectoria, experiencia y profesionalización. Entre esas iniciativas de carácter privado había varios modelos de intervención. Un modelo de Centro de Día que atendía a un gran número de niños y niñas en horario de tardes a través de actividades extra-escolares y de ocio y tiempo libre (que hoy traduciríamos en Centros de Día de Apoyo Convivencial y Educativo) y otro modelo que realizaba una intervención más específica con un número reducido de niños/as y adolescentes, en horario de mañanas (que hoy traduciríamos en Centros de Día de Inserción Sociolaboral).

El perfil de los y las menores

Listados de características detectadas entre los menores de los Centros de Día:

Dimensión familiar

• Desestructuración familiar. • Baja cualificación laboral. • Escasez de recursos económicos (un 60% por debajo del umbral de la pobreza) • Relaciones familiares deterioradas • Familias multiproblemáticas. • Enfermedad física o psíquica. • Alcoholismo u otras conductas adictivas. • Déficits de tipo psicosocial. • Usuarios de servicios sociales que perciben ayudas familiares por debajo del salario mínimo interprofesional. • Familias con acogimientos y/o situaciones de desamparo. • Inestabilidad en la relación de pareja. • Economía sumergida y/o actividades económicas ilegales. • Actitudes de agresividad/violencia, pasividad/conformismo como respuesta de adaptación a las situaciones cotidianas. • Habilidades educativas y pautas de crianza inadecuadas, inconsistentes, inestables o muy frágiles. • Desarraigo cultural, social y familiar. • Viviendas en condiciones inadecuadas de habitabilidad, con falta de cuidados e inadecuada distribución de espacios. Frecuentemente, hacinamiento, especial mente en familias inmigrantes. • Sobrecarga familiar en la mujer, muchas veces sola o con parejas inestables con la que la relación afectiva es conflictiva. • Carencias afectivas o manifestaciones ambivalentes del afecto. • Cambios frecuentes en viviendas, situación laboral, personas que conviven, adultos de referencia que cuidan a los menores. • Procesos judiciales abiertos, civiles y penales. • Salud precaria. • Prostitución y/o drogadicción de alguno de los padres. • Patrones de relación distorsionados (continuo de permisividad-dominio, incoherencia e inestabilidad en los modelos y sistemas de refuerzos y castigos inestables). • Menores de una misma familia, fruto de relaciones distintas. • Privación de libertad en algunos progenitores, que hace delegar la responsabilidad y el cuidado de los menores en otros miembros de la unidad familiar provocando una sobrecarga de los mismos. • Viviendas sociales o de alquiler social, manifestando dificultades para mantener los pagos básicos de alquiler o agua. Las familias que no viven en viviendas sociales lo hacen en barrios marginales. • Nivel de instrucción bajo, escasa escolarización y analfabetismo generalizado. • Unidades familiares desiguales, existe elevado número de familias monoparentales y otras reconstituidas. Es frecuente el ingreso en prisión de algún miembro. Otros menores viven con los abuelos por (abandono, toxicomanías, fallecimiento…). • Dificultades en la consolidación de hábitos básicos de la vida cotidiana, problemas en la relación con el medio, en las relaciones adultos, tutores e hijos con carencia de límites a la conducta de los menores y prácticas de parentalidad ambivalentes. • Aislamiento social, situaciones de violencia. • Patrones educativos negativos.

Dimensión educativa y laboral

Conductas disruptivas en el aula. • Absentismo escolar. • Desmotivación por los estudios. • Necesidades de compensación educativa. • Niveles académicos muy bajos. • Retraso y fracaso escolar. • Necesidades educativas especiales. • Falta de hábitos de estudio. • Abandono de los estudios. • Escaso rendimiento escolar. • Dificultad de aprendizaje. • Actitudes de rechazo hacia la escuela. • Dificultades de adaptación al medio escolar. • Lagunas en los conocimientos previos. • Desajustes entre la propuesta de enseñanza y el modo personal de organizar el aprendizaje. • Falta de hábitos de trabajo, métodos y estrategias. • Escasa escolarización. • Analfabetismo generalizado. • Carencias en hábitos laborales. • Falta de modelos, en su contexto social cercano, en empleos normalizados. • Carencias en habilidades sociales para la búsqueda de empleo. • Desconocimientos de las estrategias y recursos de acceso al empleo. • Falta de cualificación profesional.

Habilidades sociales y hábitos saludables

Dificultad en la resolución de problemas. • Relaciones con grupos de iguales de alto riesgo. • Dificultades de relación e interacción social. • Falta de referencia afectiva adecuada y estable con los adultos y figuras parentales. • Deficiencias en hábitos alimenticios, de higiene y sanitarios. con necesidades básicas no cubiertas y carencia de hábitos saludables. • Ociosidad y mal uso del tiempo libre. • Bajo autoconcepto. • Baja autoestima. • Baja asertividad. • Escasa capacidad empática. • Inmadurez. • Desequilibrio emocional o falta de equilibrio personal. • Dependencia de la presión de grupo. • Carencias afectivas o manifestaciones ambivalentes del afecto. • Patrones de relación distorsionados (continuo de permisividad-dominio, incohe- rencia e inestabilidad en los modelos y sistemas de refuerzos y castigos inestables). • Desajustes en la expresión de sentimientos y emociones. • Intolerancia a la frustración. • Elevadas tasas de agresividad, comportamientos destructivos, negativistas o desafiantes, falta de hábitos (higiénicos, de orden…). • Inmediatismo. • Falta de autocontrol. • Pasividad o desinterés. • Dificultad para verbalizar sus sentimientos y emocionales y para dialogar. • Baja tolerancia a la frustración. • Excesiva impulsividad. • Hiperactividad. • Interiorización de valores marginales, desarraigo cultural y social. • Dificultad para asumir normas y límites.

 

 

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